
Situado en el ayuntamiento de Esgos (Ourense), en plena ruta de la Ribeira Sacra, San Pedro de Rocas destaca por su singularidad e incita al recogimiento transportándonos a tiempos pasados. Como muchos otros, basa su origen en una leyenda, pero con un testigo: la llamada Lápida fundacional, conservada actualmente en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense, que revela que se trata de un monumento alto medieval. En ella se puede leer: HEREDITAS:N EVFRAXI:EVSANI: QVINEDI:EATI:FLAVI: RVVE:ERA.dªCXªI:.
La inscripción se refiere a unos nombres de personas, todos ellos varones herederos de algo en San Pedro de Rocas en el año 573. A pesar de que la lápida se denomina fundacional la palabra hereditas alude a algo que se recibió en herencia y los personajes que aparecen nombrados en la misma no fueron sus fundadores sino sus herederos; el conjunto nace en una época anterior al siglo VI. Es probable que el lugar sufriese un abandono en el siglo VIII con la presencia islámica en nuestra tierra, ya que los moros llegaron a Ourense alrededor del año 716, sometiendo al edificio a un período oscuro hasta el siglo IX cuando Alfonso el Magno repobló la ciudad y sus alrededores.
Es el único ejemplo de iglesia rupestre excavada en la roca viva, de la comunidad gallega. Con las invasiones árabes del año 711 los anacoretas lo abandonaron. A finales del Siglo IX, el rey Alfonso III le concedió privilegios e implanto en él la regla benedictina. Sufrió varios incendios, el primero en el siglo XI siendo su abad Aloito. En el año 1.641, siendo ya un priorato administrativo dependiente de Celanova, un nuevo incendio destruye el edificio, dando lugar su reconstrucción al actual. Tiene tres capillas primitivas excavadas en la roca, comunicadas entre si, con arcos de entrada decorados singularmente (columnas adosadas y capiteles labrados en la misma roca); conservan los altares primitivos en forma de mesas.
Destacan ocho sepulcros antropomorfos que pertenecieron al primitivo claustro suevo y que podemos ver en esta fotografía.






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